Gran Canaria y el solsticio de invierno de los aborígenes canarios.
Solsticio de invierno de los aborígenes canarios

Los aborígenes canarios y el cielo
Los antiguos canarios eran grandes observadores del cielo. Seguían el movimiento del sol a lo largo del año para organizar su calendario, las siembras, las cosechas y el pastoreo. Los estudios de arqueoastronomía del Instituto de Astrofísica de Canarias han identificado en las islas numerosos lugares orientados hacia la salida o la puesta del sol en fechas clave.
En ese calendario, los solsticios marcaban los extremos del recorrido del sol en el horizonte, y los equinoccios, el punto intermedio. En el solsticio de invierno, el día más corto del año, el sol sale en su punto más al sur y parece detenerse unos días antes de volver a avanzar hacia el norte.
El Bentayga, un marcador del solsticio
En Gran Canaria, uno de los ejemplos más conocidos se ve desde la Mesa de Acusa, en Artenara: en los días del solsticio de invierno, el sol sale justo por detrás del Roque Bentayga, una montaña sagrada para los antiguos canarios, en la que se conserva un almogarén o lugar de culto.
Risco Caído, un calendario en la roca
También en Artenara se encuentra Risco Caído, Patrimonio Mundial de la UNESCO desde 2019. En su cueva principal, la luz del sol entra por una abertura en la cúpula y proyecta manchas de luz sobre los grabados de la pared desde el equinoccio de primavera hasta el de otoño, como un auténtico calendario solar.
Una diosa madre
La fertilidad de la tierra y la renovación de la vida eran temas centrales de las creencias aborígenes. En Tenerife, los guanches veneraban a Chaxiraxi, una diosa madre que, tras la conquista, se asoció a la Virgen de Candelaria. En Gran Canaria se han encontrado numerosos ídolos femeninos de barro relacionados con el culto a la fertilidad.
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