Depósito de agua de forma curva con revestimiento oscuro y agua de color verde intenso, situado junto a un acantilado. En la parte superior se observa una carretera y, al fondo, colinas con aerogeneradores y el océano bajo un cielo despejado.
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El ingenio herreño que iluminó una moneda única

En medio del océano Atlántico, en la más pequeña y occidental de las Islas Canarias, surgió una idea tan audaz como necesaria: una moneda respaldada no por oro ni por el Estado, sino por la electricidad generada localmente.

En la década de 1940, mientras gran parte de España luchaba contra la escasez de la posguerra, los habitantes de El Hierro dieron vida a un sistema económico autónomo que hoy suena casi futurista: los bonos eléctricos.

Conjunto de aerogeneradores situados sobre colinas áridas junto al océano. Las grandes turbinas blancas se alzan sobre el terreno rojizo y seco, conectadas por caminos de tierra, mientras el mar azul se extiende en el horizonte bajo un cielo despejado.

Un sistema nacido de la necesidad

Durante los años 40, El Hierro carecía de conexión con redes eléctricas nacionales. La única fuente de energía era una pequeña central hidroeléctrica construida en el barranco de Río, en el municipio de Valverde. Pero había un problema: el dinero en efectivo escaseaba, y muchas transacciones locales se paralizaban por falta de liquidez.

Ante esta situación, los vecinos idearon una solución revolucionaria: emitir bonos que representaban horas o cantidades de electricidad consumidas o aportadas al sistema comunitario.

Estos bonos —impresos en papel y firmados por autoridades locales— comenzaron a circular como medio de pago válido en comercios, para salarios e incluso en transacciones entre particulares.

¿Cómo funcionaba la moneda eléctrica?

Cada bono equivalía a una cantidad específica de kilovatios-hora (kWh) de electricidad. Quien pagaba con uno de estos bonos no solo adquiría un bien o servicio, sino que también respaldaba indirectamente el mantenimiento de la infraestructura energética local. Era un círculo virtuoso: más uso de la red → más ingresos para mantenerla → mayor estabilidad del sistema.

Este modelo reflejaba un profundo sentido de comunidad, responsabilidad colectiva y autosuficiencia, valores que aún hoy definen la identidad herreña.

Un legado de sostenibilidad adelantado a su tiempo

Lo más fascinante de esta historia no es solo su originalidad, sino su anticipación a los principios de economía circular y soberanía energética.

Mientras el mundo descubría décadas después los beneficios de las energías renovables y las monedas locales, El Hierro ya había experimentado con un sistema que vinculaba directamente el consumo energético con la economía cotidiana.

Hoy, El Hierro es reconocida internacionalmente como la primera isla del mundo en funcionar al 100 % con energías renovables, gracias al proyecto Gorona del Viento. Pero pocos saben que este compromiso con la sostenibilidad tiene raíces que se remontan a aquellos bonos eléctricos de los años 40.

Una historia que conecta pasado y futuro

Visitar El Hierro no es solo disfrutar de sus paisajes volcánicos, senderos ancestrales o aguas cristalinas. Es también conectar con una forma de pensar distinta: una donde la comunidad, la naturaleza y la innovación caminan juntas.

Si quieres sumergirte en este espíritu único, puedes observar en vivo el pulso de la isla desde nuestras webcams en El Hierro, donde el viento, el mar y la historia siguen escribiendo cada día una nueva página.

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