Mapa antiguo de la isla de Lanzarote con representaciones ilustradas de las erupciones volcánicas de 1730. En la zona central y occidental se observan áreas ennegrecidas y rojizas que indican las coladas de lava, con dibujos de volcanes en erupción expulsando fuego. El mapa incluye nombres de pueblos y lugares, una leyenda explicativa y anotaciones que distinguen las tierras cultivadas, las cubiertas por arena y las afectadas por la lava.
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El sacerdote que convirtió lava en legado

En medio del caos, el miedo y la incertidumbre, hubo quien supo mirar más allá del desastre. En Lanzarote, entre 1730 y 1736, el suelo se abrió durante más de seis años consecutivos. Más de 30 fisuras eruptivas sepultaron pueblos enteros, arrasaron cultivos y transformaron el paisaje para siempre. Mientras muchos huían o rezaban por el fin del apocalipsis, el padre Andrés Lorenzo Curbelo, párroco de Yaiza, tomó pluma y papel. No para invocar milagros, sino para documentar con precisión lo que hoy conocemos como el nacimiento del Parque Nacional de Timanfaya.

Su diario, meticuloso y riguroso, es considerado una de las primeras crónicas científicas de una erupción volcánica en Europa. Lejos de interpretar los fenómenos como castigos divinos —como era habitual en su época—, Curbelo observó, midió, describió y reflexionó. Registró fechas, temperaturas, comportamientos del magma, sonidos subterráneos e incluso el impacto social en las comunidades afectadas. Gracias a él, sabemos que el primer temblor se sintió el 1 de septiembre de 1730, y que apenas días después, el volcán de Timanfaya ya había comenzado a devorar la tierra fértil de los agricultores.

Portada y contraportada de un libro con imagen de un paisaje volcánico árido. El título dice: **“Cuando ardieron los volcanes”**, con el subtítulo *“Diario de Lanzarote. Apuntes sobre los acontecimientos en los años de 1730 a 1736”*. Indica que fue escrito por el cura de Yaiza, Don Andrés Lorenzo Curbelo. En la parte trasera aparece un fragmento del texto que describe las erupciones volcánicas ocurridas en Timanfaya.

Un testimonio único en la historia de las ciencias naturales

El padre Curbelo no era geólogo, pero su formación intelectual y su curiosidad lo llevaron a adoptar un enfoque casi moderno. En sus escritos, describe cómo el fuego “salía de la tierra como si fuera una boca abierta”, cómo el humo oscurecía el sol durante semanas, y cómo el mar hervía al contacto con la lava. Pero también relata con emoción el sufrimiento de los campesinos, la migración forzada hacia otras islas y la lucha por reconstruir una vida sobre cenizas.

Su obra, titulada «Relación de los terremotos y erupciones de Lanzarote», fue enviada a la Real Academia de la Historia en Madrid y hoy se conserva como un tesoro histórico. No solo por su valor científico, sino también por su dimensión humana. En ella, el sacerdote combina fe, razón y empatía, ofreciendo una visión integral de uno de los eventos geológicos más importantes del archipiélago canario.

Timanfaya: un paisaje nacido del fuego… y de la memoria

Hoy, al visitar el Parque Nacional de Timanfaya, uno camina sobre capas de lava que el padre Curbelo vio fluir en tiempo real. Los senderos, las formaciones rocosas y hasta el calor residual que aún emana del subsuelo tienen nombre y fecha gracias a su testimonio. El centro de visitantes del parque incluye extractos de su diario, y en Yaiza, su pueblo, se le rinde homenaje como figura clave en la identidad lanzaroteña.

Más allá del turismo, su legado nos recuerda algo fundamental: la ciencia y la cultura van de la mano. Sin narrativas como la suya, los paisajes serían mudos. Pero gracias a su pluma, Timanfaya no es solo un campo de volcanes; es un libro abierto sobre la resiliencia humana y la capacidad de entender lo desconocido.

¿Por qué visitar Timanfaya con esta historia en mente?

  • Contexto histórico: Al conocer la crónica de Curbelo, cada mirador cobra un nuevo significado.
  • Educación ambiental: Ideal para familias, estudiantes o amantes de la geología.
  • Turismo responsable: Respetar este entorno implica reconocer su historia y fragilidad.
  • Conexión emocional: Sentir el mismo asombro —y temor— que experimentó el sacerdote hace casi 300 años.

Conclusión: un cura, un volcán y una isla transformada

El padre Curbelo no detuvo la lava, pero sí logró algo igual de valioso: preservar la memoria de un renacimiento geológico. Su legado trasciende lo religioso o lo científico; es un puente entre pasado y presente, entre naturaleza y narrativa. Y en una era de cambio climático y desastres naturales, su enfoque —observar, entender, compartir— sigue siendo más relevante que nunca.

Si alguna vez pisas Lanzarote, no solo mira el horizonte de cráteres. Escucha también el eco de aquella pluma que, en medio del fuego, eligió escribir la verdad.

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