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El novelista canario que reveló la verdadera España a los españoles, Benito Pérez Galdós

La creencia de que las Islas Canarias son una continua concentración de «playa y sol» donde no se puede encontrar un entorno impregnado de arte y cultura a la altura de los círculos intelectuales más eruditos de nuestro continente se disuelve al descubrir infinidad de obras de autores, pensadores y artistas que tienen una fuerte y directa relación con el archipiélago canario.

En 2020 se cumplió el centenario de la muerte del escritor Benito Pérez Galdós, nacido en Las Palmas de Gran Canaria en 1843, un autor incomprendido, olvidado y poco conocido, pero sin duda uno de los grandes de la literatura española. Hijo de Sebastián Pérez, teniente coronel del ejército, y de Dolores Galdós, desde muy joven se apasionó por la música, el dibujo y la literatura y es considerado por la crítica mundial como el mejor novelista español después de Cervantes.

A los diecinueve años se traslada a Madrid para estudiar Derecho, pero sin limitar su gran pasión por los viajes y la literatura. Allí conoció a Francisco Giner de los Ríos, fundador de la Institución Libre de Enseñanza, que le animó a escribir y le orientó hacia el krausismo, una doctrina idealista a caballo entre el teísmo y el panteísmo, que toma el nombre del filósofo alemán Karl Krause. Durante sus primeros años en la corte, frecuentó redacciones y teatros y fue periodista de periódicos como La Nación y El Debate. En 1867 conoció en París a Baudelaire, que le puso en contacto con una narrativa naturalista y realista completamente nueva para él y que le influiría enormemente.

En 1873 publicó lo que sería el verdadero comienzo de su carrera literaria: la primera serie de «Episodios Nacionales». Se trata de una historia novelada de la vida española del siglo XIX con el telón de fondo de grandes episodios históricos en la que Pérez Galdós quiere, sin embargo, representar la «vida, el sentimiento, el aliento incluso del pueblo», en el que se percibe la influencia parisina. En los 46 volúmenes de los Episodios Nacionales, utiliza una técnica histórico-romántica para describir los acontecimientos civiles y políticos de España, desde Trafalgar hasta la Restauración borbónica de 1873, haciendo hincapié en el elemento psicológico y ambiental.

La vida privada de los personajes, que reaparecen en diferentes papeles en las distintas novelas, se inserta en el hilo de los acontecimientos históricos, creando así una multiplicidad de relaciones en un mundo paralelo que refleja la realidad española de la segunda mitad del siglo XIX. Su presencia en Madrid durante el breve reinado, en 1871, del rey italiano Amadeo I de Saboya fue un precioso testimonio de ese difícil periodo de transición relatado con eficaces detalles y anécdotas en la quinta y última serie de la exitosa colección histórica. Gracias a su crónica de ficción, hoy sabemos cómo aquel monarca extranjero, prestado a España por el reciente Reino de Italia, aunque bien recibido por el pueblo y la burguesía, fue rechazado por la aristocracia, en un ambiente político de gran inestabilidad en el que se sucedieron varios gobiernos.

Además de esta inmensa obra, la fama de Pérez Galdós está ligada a 34 novelas escritas en distintas épocas y a varias obras de teatro. La intuición psicológica del autor rara vez ha sido igualada por otros novelistas. Entre sus características más definitorias están un estilo personal vigoroso y muy marcado; un gran conocimiento de la locura y la esquizofrenia (no hay que olvidar su interés por el Quijote), rico en detalles e información; un manejo eficaz y sistemático del simbolismo que recuerda su decepción ante la debilidad de la España de la época; y una conmovedora piedad por las personas que intentan elevarse desde la bondad a la santidad. Leer sus obras es permanecer en la compañía de un amigo fiel y de sus confidencias íntimas a las que no se puede negar un verismo y una búsqueda continua del interior de cada hombre.

Benito Pérez Galdós impregnó su carrera literaria de un agudo y profundo realismo, demostrando ser un brillante observador, con una inteligente percepción que le permitía describir los ambientes y acciones que vivía a diario con perfectos retratos de situaciones y personajes. Sus protagonistas, a los que él mismo gusta ridiculizar, son personas que viven en la miseria, ingenuas, humildes y sencillas, y para retratar mejor sus características Galdòs utiliza su propio lenguaje: las frases en cursiva que se encuentran entre las páginas de sus novelas indican las tonterías que les hace decir o hacer, para sonreírles primero.

Sus novelas fueron mal vistas tanto por los políticos conservadores como por la Iglesia, ya que revelaba realidades humanas y sociales que preferían mantener ocultas. Sus libros también fueron despreciados por otros escritores de su época, a los que a menudo calificó de «incapaces de describir la vida de su tiempo». Galdòs se puso al servicio de la sinceridad y la verdad social, lo que le costó el Premio Nobel, ya que gran parte de la Real Academia Española se opuso a su reconocimiento literario oficial, rechazando su candidatura, que fue aceptada poco después por la Real Academia. La concesión del Premio Nobel de Literatura en 1904 a Echegaray (un autor que él consideraba de escaso valor) fue considerada un duro golpe para la mejor literatura española de su tiempo.

Galdós siempre se sintió profundamente canario; su inmortal obra literaria fue escrita en la felicidad de su entorno familiar. En Madrid llevó una existencia cómoda, viviendo primero con dos de sus hermanas y luego en casa de su sobrino, José Hurtado de Mendoza. Se levantaba con el sol y escribía regularmente hasta las diez de la mañana a lápiz, porque la pluma le hacía perder el tiempo. Más tarde, salía a pasear por las elegantes calles de la capital para espiar las conversaciones de los demás y observar los detalles que incluiría en sus novelas. No bebía, pero fumaba incesantemente cigarrillos de hoja de tabaco. Pasaba muchas tardes leyendo libros en español, inglés o francés, prefiriendo los clásicos ingleses, castellanos y griegos, en particular Shakespeare, Dickens, Cervantes, Lope de Vega y Eurípides.

En su madurez comenzó a leer a Tolstoi. Amaba la música, asistía a conciertos en la capital y durante mucho tiempo escribió crítica musical. Nuestro autor solía acostarse temprano y apenas se le veía en el teatro. Se decía que el novelista volvía locas a las mujeres y que amaba a muchas de ellas, pero murió sin casarse porque, como solía decir, nunca lo necesitó. Se le reconoce una hija natural, María Galdós Cobián, nacida en 1891 de Lorenza Cobián. En su lista de amores figuran nombres de mujeres cultas y famosas como la actriz Concha (Ruth) Morell y la escritora Emilia Pardo Bazán.

También tuvo tiempo de entrar en política y, como representante del Partido Republicano, Galdós fue elegido diputado de las Cortes de Madrid en 1907. También presidió una coalición republicano-socialista en 1909, aunque finalmente Galdós, que «no se sentía político», pronto abandonó las luchas ideológicas, que él mismo calificó de «farsas», para dirigir sus debilitadas fuerzas a la novela y al teatro. Galdós era un hombre tímido y solitario, que hablaba muy poco en las reuniones sociales y en el Parlamento, pero escuchaba mucho, y los últimos años de su vida estuvieron marcados por la pérdida de la vista, hasta quedar completamente ciego, y por sus graves problemas económicos.

Benito Pérez Galdós fue sometido a dos operaciones de cataratas en 1912: un año después, y muy probablemente debido a la sífilis terciaria, perdió la vista, a lo que se sumó la arteriosclerosis y la hipertensión. Las novelas, cuentos y ensayos de Galdós nunca se distribuyeron en el extranjero. Si sus libros se hubieran traducido en Francia, Inglaterra o Estados Unidos, podría haber vivido como un escritor rico con su amplia bibliografía. Pero no fue así. Sin ingresos, Galdós se vio obligado a trabajar en su vejez, dictando sus escritos a un asistente. «Cuantos más libros vendo, menos gano. Seré el único editor que se ha arruinado a fuerza de publicar muchas ediciones», confesó en más de una ocasión.

En 1914, a pesar de estar enfermo y ciego, Galdós fue elegido diputado republicano por la circunscripción de su querida Las Palmas de Gran Canaria. Al amanecer del 4 de enero de 1920, el silencio que inundaba la casa de Pérez Galdós se vio súbitamente roto por el último y lastimero gemido de dolor procedente del dormitorio del ilustre escritor. Así murió, en la soledad y la pobreza, Benito Pérez Galdós, considerado uno de los más grandes novelistas españoles de todos los tiempos, creador de obras emblemáticas como Doña Perfecta, La Desheredada, Fortunata y Jacinta y los Episodios Nacionales, académicos de la lengua española desde 1897. Galdós contribuyó a la creación de una conciencia nacional: dio vida a España con sus ciudades, sus gentes, sus monumentos y sus paisajes, y el pueblo de Madrid le reconoció estos méritos acompañándole en su funeral con más de 20.000 personas.

En Italia, desgraciadamente, las obras de Galdosi no han sido traducidas ni difundidas en su totalidad, salvo las novelas Misericordia, Marianela, L’incognita, Il delitto di Calle Fuencarral y Tristana, esta última conocida por el gran público gracias a la película homónima del director español Buñuel y protagonizada por uno de los iconos del cine europeo, la actriz francesa Catherine Deneuve. Una película imperdible en español se titula «Prim, l’asesinado de Calle del Turco». Basada en Episodios Nacionales, la película fue dirigida en 2014 por el director Miguel Bardem y narra en palabras de Galdòs, interpretado por Javier Godino, el fatídico intento de asesinato que tuvo lugar a finales del año 1870 contra el primer ministro Juan Prim y Prats.

El thriller histórico narra las dificultades para encontrar un nuevo monarca que sustituya a la destronada Isabel II. Finalmente, se impone el candidato de Prim, el duque de Aosta, que se convertirá en Amadeo I de Saboya y no podrá reunirse con su principal valedor, ya que Prim fue asesinado el mismo día que abandonó su Italia natal. Para reforzar el vínculo entre los españoles y el escritor grancanario, en 1979 el Banco de España contribuyó a la difusión de la imagen del escritor en el anverso del billete de 1000 pesetas, que, no por casualidad, lleva en su reverso El Roque Cinchado, icono de Canarias, con una de sus famosas frases de los Episodios Nacionales.

Es un hecho que la literatura española se vio muy penalizada por el aislamiento cultural en el que cayó España desde la posguerra franquista hasta la Transición Democrática de 1975, por lo que las obras de Galdós no llegaron fácilmente a las editoriales del extranjero. Hoy en día, una primera lectura de una de las novelas de Galdós supondría sin duda una grata recuperación de la imperdonable deuda cultural con una tradición literaria como la española, así como con uno de los autores más significativos de la segunda mitad del siglo XIX en Europa.

Artículo de S.Lieutenant CC. Pil. cpl (r) Giuseppe Coviello

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