“Fuente Santa” en la Isla de La Palma

Ya conocida en la época de las «awaras» y, posteriormente, por los colonizadores españoles, la Fuente Santa en esa época consistía en dos piscinas termales en el fondo del océano, utilizables sólo en marea baja; su momento dorado fue sin duda el siglo XVII, cuando acudieron en masa desde España y toda Europa para curarse de sífilis, lepra, úlceras, heridas y muchas otras enfermedades de la piel.

Recordamos, entre las muchas personalidades que aprovecharon las renombradas propiedades de la Fuente, Don Mendoza (el fundador de Buenos Aires), el fraile portugués Gaspar Frutuoso (famoso geógrafo), el ingeniero italiano Leonardo Torriani (destacado funcionario de la corte de Buenos Aires). Felipe II) y el fraile Juan de Abreu Galindo (reconocido cronista de la conquista española de Canarias) que nos dejó la descripción más fidedigna de la Fuente Santa ; Fue tal el bullicio que la isla de La Palma pudo gozar económicamente de un período de prosperidad. El agua curó, el agua hizo (sin exagerar)… ¡milagros!

De Fuente Caliente (como se llamaba la fuente hasta entonces) pasó a llamarse … ¡Fuente Santa! ¡Imagínese que el agua «bendita» fuera transportada en barriles a Cuba para luego ser vendida por todo el territorio americano! Pero el tráfico, el comercio, la riqueza y las curaciones se desvanecieron repentinamente en el nefasto crepúsculo del 13 de noviembre de 1677, cuando el volcán de San Antonio (en el sur de la isla) derramó avalanchas de lava sobre la Fuente, enterrándola bajo un espeso manto en el unos 70 metros y empujando el mar desde la costa por 400 metros !!!

Un verdadero golpe para la economía de la isla, pero sobre todo una furiosa desesperación para los lugareños (que obviamente comenzaron a llamarse Fuencaliente), que rápidamente comenzaron a cavar para desenterrar los manantiales … ¡pero en vano! Todas las generaciones posteriores de palmeras (se han contado al menos 16) también lo hicieron (llevándonos en procesión quién sabe cuántas veces su Virgen de las Nieves), ¡pero todo fue en vano! El milagro que no hizo la Virgen fue, en cambio, realizado en 2005 por las nuevas y más avanzadas soluciones ofrecidas por la ingeniería civil, la hidroquímica, la geología de los volcanes y la investigación de archivos históricos en un esfuerzo interdisciplinario operado por un equipo establecido por Canarias. ¡Gobierno de las Islas bajo la dirección de Carlos Soler!

Finalmente se había encontrado la Fuente Santa y los análisis de un conocido laboratorio de Barcelona confirmaron las propiedades terapéuticas tradicionales del manantial, cuyas aguas (ya reconocidas por la Real Academia de la Medicina Española) eran finalmente cloradas, sódicas y carbónicas: en resumen, ¡una preciosidad en el campo del hidrotermalismo! Según los expertos, un agua como esta solo se puede encontrar en Francia (Vichy) y Alemania (Frankfurt), ¡mientras que sería única en España!

Se prestaría muy bien para curar enfermedades relacionadas con el sistema circulatorio, arteriopatías periféricas, flujo venoso, reumatismo y artrosis en general (con baños de dióxido de carbono), las relacionadas con el tracto digestivo, hígado y vías biliares (para el contenido salsobromoyódico). y otros todavía relacionados con la piel como úlceras o psoriasis (habiéndose demostrado la acción inmunomoduladora de las aguas sulfurosas).

Ya han pasado 10 años desde la «resurrección» de la Fuente Santa del infierno de lava en el que fue enterrada, pero aún permanece sin uso, ¡encarcelada como está en el fondo de túneles tan laboriosamente excavados! ¿Lo que sucede? ¡Ocurre que hipótesis e… intereses divergentes se enfrentan en la arena política! Pero no me gusta entrar en los méritos de un debate del que, a decir verdad, desconozco todos los detalles y, lo que es más importante, los propios protagonistas; hay una cosa segura sobre la mesa: ¡el proyecto del futuro complejo termal de Fuencaliente que resultó ganador en un Concurso Internacional de Ideas!

Pero lo importante, en este punto, es no correr el riesgo de que las aguas, vertiéndose al mar (como viene ocurriendo desde hace demasiado tiempo), acaben al final sólo para curar … las dolencias del océano. (que son muchos)!

Autor: Gianni Galatone 

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