España se rebela contra la narrativa dominante de la colonización española en América Latina (segunda parte)

 

En realidad, lo más difícil es establecer una responsabilidad inequívoca. En primer lugar, fue una obra de conquista y ocupación, que pronto se convirtió en un proyecto de colonización y aculturación (religiosa y lingüística). De este modo se repitió un proceso histórico similar al de otras expansiones imperiales en el mundo antiguo (desde la formación de la civilización helénica hasta el establecimiento del Imperio Romano). Durante esta compleja fase de inserción de los españoles en el continente americano, la expansión militar, con sus atrocidades, tuvo un papel preponderante. Este aspecto suele acentuarse fanáticamente en la historiografía propagandística antiespañola que se conoció como «leyenda negra antiespañola», y que fue difundida por los enemigos de España en el siglo XVI, como si otras experiencias imperiales se distinguieran por sus «buenas maneras».

Por otra parte, parece haberse establecido que la «Conquista» fue un éxito rotundo porque formaba parte de la ya existente «guerra de los indios contra los indios» (Bernat Hernández). (Bernat Hernández) «Las bellas almas que despotrican contra los malvados usurpadores de las Américas olvidan (entre otras cosas) que, a su llegada, esos europeos encontraron otros usurpadores. Los imperios azteca e inca habían sido creados con violencia y se mantuvieron con la opresión sangrienta de los pueblos invasores que habían esclavizado a los nativos» (altaterradilavoro.com/conquistadores-leggenda-nera). En este contexto, los españoles (y más tarde los portugueses, los franceses y los ingleses) aprovecharon los contrastes que existían entre las distintas poblaciones indígenas. Los españoles fueron capaces de forjar alianzas con poblaciones enemigas entre sí y así lograron someter imperios con una combinación de fuerza, diplomacia, astucia y suerte. Sólo así se entiende que en 1521 el poderoso Imperio Azteca de México y su capital (Tenochtitlán, con más de 200.000 habitantes) fueran sometidos por Hernán Cortés, que contaba con 500 soldados, 100 marineros, 30 caballos y 10 cañones en su séquito. Salió de Cuba en 1519 y también alistó en su contingente a tribus indígenas que querían tomar represalias contra el brutal dominio azteca, como los aproximadamente 1.000 guerreros totonacas o los 3.000 guerreros tlaxcaltecas.

Lo mismo ocurrió con el Imperio Inca en la Cordillera de los Andes, que en ese momento contaba con 14 millones de súbditos, pero estuvo a punto de enfrentarse a una guerra civil, en la que varios grupos étnicos se declararon hostiles al Imperio Inca (como los cañaris, los limas o los charcas). En 1532, en Cajamarca, un puñado de 200 españoles, con 30 caballos, al mando de Francisco Pizarro, consiguió tomar como rehén al gran Atahualpa, a pesar de que estaba protegido por 7.000 guerreros incas.

El resultado de estas operaciones fue la rápida expansión de España por el continente con un número muy reducido de hombres, pero con una clara superioridad tecnológica militar. Los españoles también tuvieron éxito debido a su propia audacia, al efecto adverso de las epidemias generadas por su llegada y a sus alianzas con grupos étnicos cruelmente subyugados por los imperios precolombinos. Toda la historia, sin excepción, parece enseñarnos que no hay dinamismo en los asuntos humanos sin invasión y que toda civilización es el resultado de una contaminación que nunca ha sido indolora

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Este verano #DESTINOCANARIAS

 

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